Por, Alba Dorys Arias Giraldo
Gerente General de Coogranada
El mundo nos está pidiendo, casi a gritos, que repensemos cómo producimos y consumimos energía en el campo. Mitigar el cambio climático y descarbonizar las cadenas productivas del sector rural ya no es una aspiración lejana: es una tarea urgente, y el acceso a fuentes de energía limpia para las actividades comunitarias se ha convertido en una de las palancas más poderosas para lograrlo. En este escenario surge LAC E-Coop, un programa impulsado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), orientado a fortalecer la transición energética en los territorios rurales de América Latina y que hoy nos permite, desde Coogranada, ser parte activa de esa transformación.
Toda buena estrategia, por sólida que sea, necesita manos que la lleven al territorio. Aunque LAC E-Coop contaba con una visión clara y respaldo financiero robusto, hacía falta algo que ningún banco puede ofrecer por sí solo: organizaciones con arraigo y confianza en el territorio, capaces de ejecutarlo. Por eso se sumaron entidades con amplia presencia y reconocimiento social en la región del departamento de Antioquia, sumándose: la Cámara de Comercio del Oriente Antioqueño, FUSOAN, Cornare, las administraciones municipales, Prodepaz y otras organizaciones comprometidas con el desarrollo regional. Cada una aportando y tejiendo una alianza que multiplica.
Esta suma de voluntades ha enriquecido el proyecto, ampliando su impacto social y dando forma a soluciones integrales para las comunidades rurales. Y en el corazón de LAC E-Coop late uno de sus componentes más poderosos: los créditos verdes, diseñados para fortalecer la capacidad de adaptación de la población rural y agropecuaria frente a los desafíos ambientales; esto es uno de los componentes más relevantes de LAC E-Coop, destinados a fortalecer la capacidad de adaptación de la población rural y agropecuaria frente a los desafíos ambientales. En este propósito, cooperativas como Coogranada desempeñan un papel fundamental. Con más de 63 años de trayectoria y un origen profundamente ligado al sector campesino, en Coogranada llevamos en el ADN las condiciones para llegar justo al público que este programa necesita alcanzar.
A través de productos financieros especializados y líneas de crédito verde, en Coogranada facilitamos el acceso a recursos para el desarrollo de proyectos energéticos productivos de carácter comunitario, promoviendo al mismo tiempo la inclusión financiera en las zonas rurales.
Un acierto que vale la pena resaltar: el programa no empezó por el dinero, empezó por la formación. Esa decisión, que a primera vista podría parecer un simple paso previo, es en realidad la que garantiza la sostenibilidad de los proyectos, fortalece las capacidades de las comunidades y asegura que los esquemas de financiación funcionen a largo plazo, no sólo en el papel.
Para nosotros, participar en iniciativas que protegen el medio ambiente y el bienestar de nuestros asociados rurales no es un gesto simbólico, es una forma concreta de generar valor. Apoyamos los proyectos que cumplan un propósito compartido: que se contribuya a la conservación de los recursos naturales, pero que también sean económicamente sostenibles y rentables para las familias y organizaciones beneficiarias.
Pero, más allá de las cifras, la línea de crédito verde está aportando a algo todavía más difícil de cambiar: la mentalidad. Durante generaciones asumimos que los recursos naturales eran inagotables, y esa creencia nos llevó a prácticas de aprovechamiento poco responsables, con consecuencias que hoy pagamos todos. Los efectos de la deforestación, la degradación de los ecosistemas y la desertificación son la prueba más clara de que necesitamos modelos más sostenibles de producción y consumo, y de que no podemos seguir posponiendo esta transición.
Este programa llega en un momento particularmente oportuno para Colombia. Los desafíos asociados a fenómenos climáticos extremos, como los periodos prolongados de sequía, representan una amenaza para la generación hidroeléctrica, principal fuente de energía del país. La experiencia del racionamiento eléctrico vivido entre 1992 y 1993 demuestra la vulnerabilidad que puede generar la dependencia de una sola fuente energética. Por ello, resulta indispensable promover iniciativas como LAC E-Coop, que contribuyen a la diversificación de la matriz energética, fortalecen la autonomía de las comunidades rurales y fomentan el uso de energías limpias. Su masificación permitirá crear territorios más resilientes, sostenibles y preparados para enfrentar los retos ambientales y energéticos del futuro.
LAC E-Coop no sólo impulsa proyectos productivos; también fortalece la capacidad de las comunidades para construir un modelo de desarrollo más equitativo, sostenible y comprometido con las próximas generaciones.