Desde el sur de Colombia hasta los escenarios internacionales, una voz joven reafirma que la economía social y solidaria no es una alternativa marginal, sino una herramienta real para transformar territorios, construir paz y proyectar un futuro más justo.
Una formación que sembró propósito
Para Sebastián Garaviño, el cooperativismo no llegó como una consigna ideológica ni como una teoría lejana. Llegó como una experiencia de vida. Su camino comenzó en el colegio de la cooperativa Utrahuilca, donde realizó todo su bachillerato y de la cual es asociado desde hace 20 años.
Esa formación temprana le dejó una idea que marcaría su recorrido: el mundo necesita transformarse. Con el tiempo, ese mensaje se fortaleció a través de su paso por la Fundación Social de la cooperativa y posteriormente por el gremio cooperativo del Huila, donde tuvo la oportunidad de recorrer el sur del país y trabajar con campesinos, jóvenes, mujeres, firmantes de paz y víctimas del conflicto armado.
“Fue en la práctica donde entendí que el cooperativismo no era solo un modelo económico, sino un proyecto de vida”, afirma.
El legado cooperativo: principios que siguen vigentes
Sebastián Garaviño reconoce en las generaciones anteriores un legado sólido, construido sobre principios universales que han demostrado durante casi dos siglos que es posible hacer empresa de una manera distinta.
Para él, la identidad cooperativa es una fuente permanente de inspiración, pero advierte que ese legado solo cobra sentido cuando se conecta con la acción. “El reto es transformar desigualdades estructurales, generar empleo y permitir que más personas creen empresa desde una gestión democrática y equitativa”, señala. El compromiso con las comunidades, añade, no es accesorio: es central al modelo.
De relevo a integración generacional
Uno de los puntos en los que Garaviño es más enfático es en el debate generacional dentro del cooperativismo. Más que hablar de relevo, propone pensar en integración.
“La experiencia y las nuevas ideas no deben competir, deben trabajar juntas”, explica. En su visión, las cooperativas deben abrir espacios reales para que los jóvenes participen en la gobernanza, no solo en los consejos de administración, sino también en comités, programas y escenarios donde se construyen políticas internas y se toman decisiones estratégicas.
Juventud, participación y oportunidades por abrir
Aunque reconoce avances y experiencias exitosas, Garaviño considera que todavía hay muchas puertas por abrir para los jóvenes dentro del sistema cooperativo colombiano.
Uno de los principales desafíos es la ausencia de un ecosistema sólido de emprendimiento cooperativo. “Mientras la empresa privada tiene un entorno fuerte para emprender, el cooperativismo aún tiene una tarea pendiente”, asegura.
Para atraer a nuevas generaciones, el sector necesita políticas claras de juventud y condiciones que permitan convertir ideas en proyectos sostenibles.
El cooperativismo como conversación global
En 2024, Garaviño representó a Colombia y a la Red Iberoamericana de Fomento de la Economía Social y Solidaria (RIFESS) en espacios internacionales como la CEPAL y encuentros en Cataluña. Allí confirmó que el cooperativismo trasciende las fronteras nacionales.
“El diálogo internacional permite identificar experiencias muy avanzadas que en Colombia todavía son oportunidades”, explica. Destaca el cooperativismo de vivienda en Cataluña como una respuesta concreta al acceso a la vivienda, y el trabajo de investigación de la CEPAL para medir el impacto real de la economía solidaria en América Latina y el Caribe.

Cooperativismo, paz y transformación social
Uno de los aprendizajes más relevantes de estos espacios fue reconocer el valor de la experiencia colombiana en construcción de paz desde la asociatividad. Tras los acuerdos de 2016, el cooperativismo ha sido una herramienta clave para que firmantes de paz, víctimas y poblaciones excluidas reconstruyan sus proyectos de vida.
“Es una experiencia que Colombia puede y debe compartir con el mundo”, afirma Garaviño, convencido de que el modelo cooperativo también es una respuesta efectiva para la reconciliación y la cohesión social.
Innovación, tecnología y nuevos sectores
Mirando hacia el futuro, Garaviño identifica oportunidades estratégicas en sectores donde el cooperativismo aún tiene mucho por crecer. Uno de ellos es el cooperativismo de plataforma y base tecnológica, ya consolidado en regiones como Europa, Estados Unidos y Asia.
“Pensar el desarrollo tecnológico desde una gobernanza cooperativa abre enormes posibilidades, especialmente para los jóvenes”, señala. A esto se suman retos como la transformación de las cooperativas financieras y la creación de espacios comunitarios que fortalezcan el vínculo con su base social.
La Economía Social y Solidaria en la agenda global
La inclusión de la economía social y solidaria en la nueva agenda global de financiamiento representa un avance significativo para el sector. Sin embargo, Garaviño advierte que el contexto internacional plantea desafíos, especialmente frente a los cambios en el multilateralismo y la cooperación internacional.
“El desafío ahora es reinventar las formas de cooperación y fortalecer alianzas que pongan la vida en el centro del desarrollo”.
El legado que esta generación quiere dejar
Al pensar en lo que esta generación quiere dejar escrito en la historia cooperativa, Garaviño apunta a la diversificación sectorial, la innovación y el fortalecimiento institucional.
Su aspiración es que el cooperativismo llegue con fuerza a sectores como la vivienda, la tecnología y nuevos modelos financieros, y que el Estado cuente con una institucionalidad robusta de fomento, con mayor presupuesto y presencia territorial. “Ese liderazgo también nos corresponde a los jóvenes”, sostiene.
Un mensaje para quienes vienen
Al final de la conversación, Sebastián Garaviño dirige su mirada a niñas, niños y jóvenes que hoy se forman en entornos cooperativos y sueñan con transformar el mundo.
“Nunca dejen de soñar que otro mundo es posible”, dice. “Porque otra economía ya existe y la hemos venido construyendo desde la economía social y solidaria”.