Carlos Acero plantea la necesidad de construir un cooperativismo para el siglo XXI, con más jóvenes, nuevas actividades económicas, innovación y una acción colectiva capaz de transformar los territorios.
El cooperativismo colombiano entra en un nuevo ciclo político con una premisa clara: no basta con ser reconocido como un modelo con valores y principios; es necesario demostrar, en la práctica, su capacidad para generar desarrollo, productividad, inclusión y bienestar.
Ese es uno de los principales mensajes que deja la conversación con Carlos Acero, presidente ejecutivo de Confecoop, quien analiza los retos del movimiento cooperativo ante la llegada de un nuevo Gobierno y la renovación del Congreso de la República.
Para el dirigente gremial, cada cuatro años el movimiento tiene la oportunidad de revisar su estrategia de incidencia y presentar al Estado una propuesta concreta sobre el papel que pueden desempeñar las cooperativas en el desarrollo nacional. En este nuevo escenario, Confecoop ha estructurado una agenda que busca mostrar al Gobierno las capacidades que ya existen en los territorios y, al mismo tiempo, abrir espacio para el surgimiento de nuevas organizaciones cooperativas.
El cooperativismo quiere estar en el centro de la conversación nacional
La propuesta gremial parte de tres grandes ejes: la capacidad de las cooperativas para organizar personas y comunidades alrededor de la producción y el trabajo; la infraestructura social que ya tienen desplegada en el territorio y que puede contribuir a la inclusión económica y financiera; y el potencial de la organización cooperativa para impulsar el desarrollo agropecuario y agroindustrial.
La apuesta, explica Acero, es que exista un reconocimiento político y una decisión institucional que permitan incorporar con mayor fuerza el modelo cooperativo a los programas públicos.
El objetivo no sería únicamente fortalecer las cooperativas existentes. También implica promover la creación de nuevas organizaciones, generar trabajo, avanzar en la formalización empresarial. laboral y convertir la asociatividad en una herramienta efectiva de desarrollo productivo.
En esa tarea, la interlocución con el nuevo Congreso será fundamental. Las comisiones accidentales de Economía Cooperativa y Solidaria, creadas en Senado y Cámara, han permitido durante los últimos años consolidar un espacio institucional para la agenda del sector.
La renovación del Congreso implica ahora reconstruir esa representación. De los congresistas que venían teniendo una participación activa en estas comisiones, diez conservaron su curul y Confecoop trabaja en la incorporación de nuevos congresistas con afinidad o conocimiento del sector.
El gran reto: ensanchar el concepto de cooperativismo
Uno de los planteamientos más contundentes de la entrevista aparece cuando Acero habla sobre el futuro productivo del sector.
Colombia, señala, todavía tiene una percepción limitada del cooperativismo, muchas veces asociada principalmente al ahorro y al crédito. Aunque reconoce el papel fundamental del sistema financiero cooperativo, considera urgente ampliar el imaginario sobre lo que puede hacer una cooperativa.
Agroindustria, transporte, servicios profesionales, minería, servicios públicos, vivienda, tecnología, desarrollo de software, generación de contenidos, plataformas digitales y transición energética son algunos de los campos en los que identifica oportunidades para nuevas organizaciones.
La pregunta, entonces, deja de ser únicamente cómo fortalecer las cooperativas que ya existen y empieza a ser ¿cómo crear las cooperativas que necesita la economía del siglo XXI?
“Hay que ensanchar el concepto cooperativo en Colombia.”
La propuesta supone reconocer que las personas pueden emprender individualmente, pero también pueden organizarse colectivamente para producir, trabajar, acceder a mercados, generar ingresos y resolver necesidades.
Y allí aparece una de las apuestas que Confecoop quiere llevar al nuevo Gobierno: “Mi Primera Cooperativa”, una iniciativa pensada especialmente para los jóvenes y relacionada con los nuevos modelos de economía y desarrollo productivo.
La intención es pasar de hablar de emprendimiento a construir procesos empresariales cooperativos con vocación de permanencia, crecimiento y productividad.
Más que inclusión: crear riqueza en los territorios
Para Acero, el cooperativismo no puede ser entendido únicamente desde una perspectiva asistencial.
Las cooperativas son organizaciones capaces de generar desarrollo socioeconómico, cultural y productivo. Por eso, plantea la necesidad de construir una alianza de mediano y largo plazo entre el Estado y el movimiento cooperativo para que la inclusión social, económica y financiera tenga una verdadera vocación de permanencia.
En esta visión, el sistema financiero cooperativo tiene también un papel determinante.
Después de más de 90 años de historia en Colombia, las cooperativas de ahorro y crédito han sido vehículos de inclusión financiera en numerosos territorios. El siguiente paso, sostiene Acero, es fortalecer su capacidad para financiar actividades productivas y conectar los recursos de la banca de fomento con las iniciativas desarrolladas por cooperativas de producción, trabajo y otras organizaciones de la economía cooperativa.
Esto implica crédito productivo, garantías, articulación con entidades como Finagro y Findeter y, además, una modernización de los marcos normativos que permita eliminar barreras para la creación y consolidación de nuevas cooperativas.
El techo de cristal: dejar de pensar como organizaciones aisladas
Pero si existe un desafío institucional, también existe uno interno.
Ante la pregunta sobre el “techo de cristal” que debe romper el movimiento cooperativo, Acero plantea una transformación de fondo: pasar de un conjunto de cooperativas a un auténtico movimiento socioeconómico cooperativo.
El punto de partida es tener un propósito común.
Organizar a las personas para resolver necesidades, generar bienestar y alcanzar el bien común debería ser el elemento articulador de las organizaciones, independientemente de la actividad económica que desarrollen.
“Si encontramos el propósito, si el propósito es común, compartido, y si nos organizamos en debida forma, nos fortalecemos las que ya están y van a surgir nuevas.”
Esta visión exige también fortalecer la cooperación entre cooperativas. El sexto principio deja de ser una declaración para convertirse en una estrategia empresarial: circuitos económicos, interoperabilidad, inversión cooperativa y trabajo conjunto en investigación, desarrollo e innovación.
Y aquí aparece una palabra clave para el futuro: acción.
De los principios a los hechos
El cooperativismo tiene una historia que merece ser reconocida, pero para Acero esa historia no puede convertirse en un lugar de llegada.
“Nosotros hablamos de que necesitamos cooperativas para el siglo XXI.”
La afirmación resume buena parte de su visión.
El sector necesita más cooperativas lideradas por jóvenes, organizaciones capaces de responder a las necesidades de una población que envejece, iniciativas alrededor de la economía del cuidado, cooperativas de producción, organizaciones vinculadas a la tecnología y modelos capaces de acompañar los cambios en los hábitos de consumo, la estructura demográfica y las nuevas formas de trabajo.
El desafío es que los valores cooperativos sean visibles en resultados concretos.
- No solamente hablar de cooperación, sino cooperar.
- No solamente defender la inclusión, sino generar oportunidades.
- No solamente hablar de desarrollo territorial, sino crear empresas, empleo, productividad y riqueza en los territorios.
Una agenda para mirar al país de frente
La agenda del Congreso Nacional Cooperativo, fue diseñada para discutir el papel del modelo frente a algunos de los grandes cambios que atraviesan a Colombia y al mundo.
Entre ellos están la identidad cooperativa, la formalización laboral, la informalidad, el desempleo, la brecha digital, las nuevas desigualdades sociales, la producción agropecuaria y la seguridad alimentaria.
La pregunta transversal será qué puede ofrecer el cooperativismo colombiano frente a estos desafíos y cómo puede convertirse en parte activa de las soluciones.
La identidad tendrá un espacio especial. Para Acero, hablar de la marca COOP no es una discusión de imagen, sino de reconocimiento del valor diferencial del modelo.
¿Qué somos? ¿Cuál es nuestro propósito? ¿Qué podemos hacer? ¿Cuál es nuestro poder para transformar el país?
Responder esas preguntas puede ser determinante para que el cooperativismo sea reconocido no solo por sus principios, sino por su capacidad de generar resultados.
El llamado final: no podemos quedarnos en el discurso
Quizás uno de los mensajes más fuertes de la conversación está en la necesidad de pasar de la reflexión a la ejecución.
El movimiento cooperativo conoce sus desafíos. Tiene experiencias, historia, organizaciones y capacidades. Ahora debe tomar decisiones.
“Esto hay que hacerlo porque nosotros no podemos quedarnos en el discurso.”
Para los dirigentes cooperativos, el llamado es a compartir una visión, encontrar puntos de convergencia y asumir compromisos concretos.
La acción cooperativa, explica Acero, debe traducirse en circuitos económicos entre organizaciones, cooperación efectiva, inversión en innovación y capacidad para responder a las nuevas necesidades de la sociedad.
Porque el futuro del cooperativismo no se construirá únicamente recordando lo que ha sido, sino decidiendo lo que está dispuesto a ser.
Y ese futuro, en palabras de Carlos Acero, necesita una nueva generación de organizaciones capaces de producir, innovar, incluir y transformar.
Cooperativas para el siglo XXI. Más jóvenes liderando. Más personas organizándose. Más cooperación entre cooperativas. Más desarrollo en los territorios.
El desafío ya está planteado.
Ahora hay que hacerlo realidad…