Breve y Sustancioso
*Por: Luis Sánchez Fernández
Urge Debate Ideológico. (Parte II)
Una reflexión al verdadero sentido del SER COOPERATIVISTA
Hoy nos reúne la eficiencia financiera, la tecnología y los desafíos de un mercado altamente competitivo. Nuestras empresas cooperativas crecen, abren sucursales, digitalizan sus servicios de forma impecable y acuden a eventos y pasantías de actualización y conocimiento alrededor del mundo.
Estamos, sin duda, en el mejor momento operativo del sector cooperativo con actividad financiera en Colombia y en el mundo. Al cierre del ejercicio de 2025, la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) asegura que el movimiento agrupa a más de 3 millones de cooperativas y a 1.200 millones de afiliados (el 12% de la población mundial), con una facturación anual de sus 300 organizaciones más grandes por más de 2.1 billones de dólares.
Por su parte, el Consejo Mundial de Cooperativas de Ahorro y Crédito (WOCCU) reporta 67.137 cooperativas financieras en 101 países, con una comunidad de 412 millones de usuarios , bajo un músculo de activos que supera los 3.8 billones de dólares.
En el contexto nacional, la Confederación de Cooperativas de Colombia (Confecoop) informa que en el territorio operan cerca de 3.500 cooperativas con más 6.3 millones de asociados.
De este universo, las cooperativas con actividad financiera, divididas en dos estructuras de control, las 171 cooperativas de ahorro y crédito vigiladas por la Supersolidaria, y las 5 financieras por la Superfinanciera, suman un total de 38.9 billones de pesos en activos.
En los reportes oficiales, la Supersolidaria también revela un panorama positivo para las cooperativas de ahorro y crédito en su balance anual: cartera social, 20 billones de pesos, el 90 % en los estratos 1, 2 y 3 (la mayoría de la base social), y registra un incremento histórico del 37% en los excedentes técnicos, que cierra, según la entidad, con una cifra récord sin precedentes que supera los 420 mil millones de pesos.
Sin embargo, en medio de esta efusiva prosperidad financiera, es prioritario abrir un espacio de reflexión, incómodo para unos, pero urgente y vital para todos: abrir un debate ideológico cooperativo
Preocupa que bajo la figura de una supuesta «modernización», haya una clara tendencia hacia un isomorfismo institucional, concepto definido en 1983 por los sociólogos estadounidenses Paul DiMaggio y Walter Powell sobre la tendencia corporativa de imitar al referente del sector , en este caso al sector financiero tradicional.
De esta manera se clonan manuales operativos, la métrica, lenguaje y hasta los vicios, buscando un estatus y legitimidad , que nuestro sector no necesita, y que por el contrario, desnaturaliza su identidad.
Cabe la pregunta ¿Nos estamos convirtiendo en el sistema que nacimos para combatir?
Basta con recordar que los Pioneros de Rochdale no fundaron el cooperativismo para competir en el mercado de valores ni por el capital. El 24 de octubre de 1844, veintiocho obreros registraron legalmente la Rochdale Society of Equitable Pioneers (La Sociedad de los Pioneros Equitativos de Rochdale) y, el 21 de diciembre, abrieron las puertas de su almacén de consumo en el número 31 de la calle Toad Lane.
Lo hicieron para defender la dignidad humana, basados en los valores, principios y filosofía cooperativa, para combatir un sistema inhumano. En esa época, los bancos no les daban créditos a los trabajadores. Los recursos eran exclusivos para los intermediarios y grandes comerciantes, quienes les prestaban con usura, acumulando fortunas para ellos y para los bancos, en efectivo y en bienes que expropiaban a las familias endeudadas.
Era una lucha contra el monopolio de los grandes accionistas de la banca y los mercados financieros tradicionales.
Decir hoy que «eran otros momentos históricos» es un claro sofisma. Al analizar el rumbo actual de nuestras instituciones, observamos que la discusión estratégica suele polarizarse en dos grandes corrientes. Por un lado, se mantiene la visión que defiende la doble condición del cooperativismo: ser económica, doctrinal y socialmente eficientes y sostenibles. Por el otro, la corriente técnica, de escala, la del sistema tradicional, que observa el capital únicamente como un fin en sí mismo para producir utilidades máximas a los accionistas.
Es la aplicación perfecta del viejo refrán popular: si camina como un pato, nada como un pato y grazna como un pato, entonces es un pato. Si una entidad solidaria cobra tasas máximas , excluye a la base y rinde cuentas sólo de utilidades líquidas, por más que su fachada hable de solidaridad, actúa bajo la lógica del mercado tradicional.
La expresión COOP connota un pacto de soberanía social: la co-operación, obrar en común, y la co-propiedad, ser dueños colectivos, destinando la riqueza para la comunidad que la edificó, en función del bienestar real.
«COOP« significa que el ser humano está por encima del dinero. Define una estructura donde él asociado no es un cliente, sino un dueño con derecho a un voto, sin importar el tamaño de sus ahorros. No es el obsesivo negocio de unos pocos accionistas que mantienen una costosa burocracia con la condición de expandir sus ganancias y sus utilidades exprimiendo al máximo a su cliente, de manera exponencial y perpetua si se quieren sostener en esa élite laboral.
La prosperidad financiera sectorial ya es un hecho contundente. Los excedentes históricos evidencian que el modelo sí tiene la capacidad de retribuir el bienestar a esos millones de dueños, quienes hacen grandes esfuerzos diarios para ahorrar, capitalizar y pagar cumplidamente los intereses sobre los servicios prestados.
Es precisamente la sumatoria de esos aportes de la base social lo que edifica el músculo financiero que permite pagar salarios y demás costos administrativos, para que las gerencias potencialicen los beneficios institucionales. Por ello, la gestión moderna debe velar porque estos excedentes retornen directamente a sus verdaderos propietarios en forma de valor social, evitando desviarlos hacia gastos administrativos crecientes que terminen restando impacto a los beneficios que la comunidad cooperativa legítimamente merece recibir.
El cooperativismo financiero se encuentra ante un debate profundo sobre su coherencia y su identidad. Copiar el modelo de los banqueros no es desarrollo. Es hora de devolverle el protagonismo real al asociado y recordar que el dinero de los trabajadores sólo tiene valor si sirve para humanizar a la sociedad que lo sostiene.
Recuperar la doctrina no es un anticuado término romántico; es nuestra única garantía de supervivencia en un mundo que clama por valores. Urge un debate ideológico cooperativo.
¿Nos estamos convirtiendo en el sistema que nacimos para combatir? Ahí les dejo la reflexión.
Esta columna busca abrir una permanente conversación, porque el cooperativismo se fortalece cuando también dialoga sobre sus ideas. Agradecemos sus comentarios y reflexiones diariocooperativo75@gmail.com
*Periodista del sector solidario / cooperativo
DIARIOCOOP