El doctor Francisco de Paula Jaramillo es una de las voces más respetadas del cooperativismo colombiano. Su vida y su trayectoria han estado marcadas por la convicción de que la solidaridad es la fuerza que transforma comunidades y construye país. Su paso por el sector público y privado —como Director del Departamento Administrativo Nacional de Cooperativas y Alto Consejero Presidencial para el Sector Social durante el gobierno del doctor Belisario Betancur— dejó huellas profundas en el desarrollo del movimiento solidario en Colombia y América Latina.
“El cooperativismo es la realización práctica de los ideales que soñamos para Colombia”
Revista Perspectiva (P): Doctor Jaramillo, ¿qué papel jugó su familia en la formación de ese espíritu solidario y cooperativo que lo ha acompañado toda su vida?
Francisco de Paula Jaramillo (FJ):
Sin duda, mi familia tuvo una influencia decisiva. De mis abuelos heredé la empatía, la tolerancia y el compromiso con el otro. Ellos me enseñaron que el bien común debía estar por encima del interés individual, y esa fue una semilla que luego floreció en mi trabajo cooperativo y en mi vocación cristiana.
“La doctrina social de la Iglesia es acción, no teoría”
P: A lo largo de su trayectoria, usted ha vinculado la fe y el cooperativismo. ¿Cómo se conectan estas dos dimensiones?
FJ: La doctrina social de la Iglesia fue fundamental. Ella propone una economía centrada en la dignidad humana y en la justicia social. Por eso, el cooperativismo me pareció siempre la manera más concreta de llevarla a la práctica.
Los sacerdotes que impulsaron cooperativas en los años 50 y 60 no lo hicieron para crear empresas, sino para empoderar a los laicos y fortalecer las comunidades. Fue, sin duda, la realización práctica del Evangelio en la economía.
“La solidaridad es la idea que nos une a todos”
P: ¿Cuál considera que es el principio esencial del cooperativismo?
FJ: La solidaridad. Es el corazón del movimiento. Todo nace de ese espíritu: la educación, la integración, el trabajo colectivo.
A diferencia del capitalismo, que busca la ganancia individual, el cooperativismo busca la realización comunitaria. Lo importante no es acumular dinero, sino construir bienestar común.
“De la idea a la acción: así nació La Equidad Seguros”
P: Usted tuvo un papel decisivo en la creación de La Equidad Seguros. ¿Cómo recuerda ese proceso?
FJ: Fue un reto enorme. Empezamos con un capital casi simbólico, pero con una fe inmensa en lo que hacíamos. Las cooperativas entendieron pronto la necesidad de unirse para proteger sus riesgos y fortalecer su patrimonio.
De esa unión nació La Equidad Seguros, hoy una de las mayores realizaciones del cooperativismo colombiano. Representa lo que siempre creí: que la integración cooperativa puede lograr cosas extraordinarias.
“El movimiento cooperativo es una obra viva que sigue creciendo”
P: Después de tantos años de servicio, ¿qué balance hace de su paso por el movimiento cooperativo?
FJ: Ha sido una experiencia profundamente positiva. Ver crecer las cooperativas, aunque ya no esté directamente en sus procesos, me llena de alegría. Recibo la revista de Coopidrogas, por ejemplo, y me emociona su éxito. No tengo una droguería ni formo parte del sector, pero me siento parte de esa historia. Cada logro cooperativo, grande o pequeño, es un motivo de orgullo colectivo.
“La integración sigue siendo el gran reto del cooperativismo colombiano”
P: Usted ha hablado de la necesidad de fortalecer la intercooperación. ¿Sigue siendo una deuda pendiente?
FJ: Sí. Es, quizás, uno de los desafíos más grandes. Todavía falta avanzar en la integración entre diferentes tipos de cooperativas: de consumo, agropecuarias, financieras, de transporte.
Hay esfuerzos valiosos, pero también intereses particulares que dificultan el trabajo conjunto. El cooperativismo necesita más unión, más redes y más confianza mutua.
“El entusiasmo es el alma del servicio cooperativo”
P: Finalmente, ¿qué enseñanza le deja esta vida de servicio al movimiento solidario?
FJ: Que vale la pena. Que trabajar por el otro no es una carga, sino una bendición.
A veces pienso que el cooperativismo es una escuela de humanidad, donde uno aprende a servir, a compartir y a creer en el poder de nosotros.
Esa ha sido mi mayor satisfacción: haber sido parte de un movimiento que sigue sembrando esperanza en Colombia.
Epílogo: un legado vivo
Francisco de Paula Jaramillo (Medellín) ha dedicado su vida a pensar y construir el cooperativismo colombiano. Abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana, fue cofundador y primer gerente de La Equidad Seguros, líder de la Organización de las Cooperativas de América y Consejero Presidencial para el Sector Social.
Autor de una extensa obra que combina pensamiento cristiano, acción comunitaria y economía solidaria, su voz sigue siendo una guía para las nuevas generaciones. En 2006 recibió el Premio “El Colombiano Ejemplar” por su aporte al movimiento cooperativo.
“La cooperación es sencillamente un acto de sensatez —afirma—, no una teoría bonita. Es la alternativa que le queda al mundo si quiere sobrevivir.”